sábado, 19 de febrero de 2011

La idea es esa!

Y resulta que debía ser ella…

Y yo que quería escribirle una canción; pero la muñeca no entendía de expresiones, ni siquiera de ilusiones, exclusivamente de alucinaciones.

Pasaba tiempos baratos en los cafés, parloteando de la música capaz de inspirarle al suicidio, o al menos, al amor.

Ilusa pretensión por aquello de no salir de casa, independencia sin prisión, influjo de mensajes ocultos tras las miradas desnudas y avergonzadas al cruzar el callejón subtentorial que conducía a la corteza.

Y de paso se reía de regalado por mis ideas de gravedad.

Amenazaba con cortarse el cabello más corto que el mío de no pasar el tiempo ¿acoplados?, sí, y yo que creía que solo se acoplaba en las estaciones espaciales…

Haber comenzado no pudo ser mejor idea que no haberlo hecho, precisamente porque ocurrió.

Pero aun así, la idea prevista para una estación gris en solitario, no superaba los momentos añejados por el tiempo, aunque nada más eso bastaba para empezar de nuevo...


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